KISS en Masters of Rock 2023: Ésta vez, si fue despedida.

El festival volvió al país, y también lo hizo la banda norteamericana. Celebración y nostalgia, una formula efectiva para una banda que sin tener que demostrar nada más a estas alturas, da un cierre a su historia con Argentina.


Quienes asistieron el pasado 28 de abril al festival Masters of Rock, vieron por última vez a KISS en suelo argentino, y no fue otro amague. Pasó solo un año de la visita en el Campo de Polo en el marco de la gira mundial “End of the Road”, pero tomaron un nuevo desvío para celebrar los 50 años de la banda con 50 nuevas fechas. Ya se había “despedido” antes también. En el año 2000, KISS hizo una gira con la idea de colgar las botas, pero solamente fue el fin de la banda para el guitarrista Ace Frehley y el baterista Peter Criss. Desde entonces, fueron reemplazados por Tommy Thayer y Eric Singer en lo que terminó por ser la formación más estable en la historia de la banda.

Un telón gigante con el logo de la banda cubría el escenario, como ya es habitual; pero en los costados se erigían 4 inflables gigantes de los integrantes como si fueran monumentos; porque medio siglo haciendo rock, no puede pasar desapercibido, y no muchas bandas pueden jactarse de ello. A las 10 en punto la voz del anunciador exclamó “Querían lo mejor, tienen lo mejor. La banda mas caliente del mundo… ¡KISS!” y cayó el telón para ceder paso al riff de “Detroit Rock City”. Tanto Paul Stanley, como Gene Simmons parecían que jamás se iban a aburrir de como los argentinos corean cada fraseo de guitarra, e incentivaban para que esto fuera así. A “Detroit” le siguió “Shout It Out Loud” y “Deuce”, que mientras Paul, Gene y Tommy realizaban una coreografía en perfecta sincronía, en las pantallas de fondo se veían imágenes de los primeros años de la banda.

Las 35 mil personas presentes en Parque de la Ciudad, sabían lo que podían esperar del show. “No hablo español muy bien, pero comprendo tu sentimiento y mi corazón es suyo” recitó de memoria como en cada visita, Paul Stanley; y el público respondía con su nombre con ritmo de cantito de cancha de fútbol. Entonces, empezaron a sucederse los ya clásicos números de cada integrante: Gene Simmons entonó el estribillo de “I Love It Loud”, para finalizar minutos más tarde la canción escupiendo fuego de una espada en llamas. Tommy Thayer, derribo objetivos dispuestos en las pantallas en medio de un solo de guitarra con misiles que salían del mástil de una Flying V. Eric Singer elevó su batería por los aires, y Paul Stanley voló por encima de los asistentes con una tirolesa para cantar “Love Gun” en medio del campo. Predecible no necesariamente significa que algo es aburrido; por lo tanto, la forma en que el show fluía era como si se tratara de una película clásica en la que uno ya sabe lo que va a ocurrir, pero que espera que eso suceda porque lo hace sentir seguro de cierta manera. Algo así como “Superman” de Richard Donner; porque si se tiene en frente a un demonio con poderes sobrenaturales, un chico de las estrellas, un hombre del espacio, y un gato baterista, eso solo se podría encontrar en una de superhéroes. La puesta en escena, fuertemente anclada en lo visual, lograba causar el mismo efecto de asombro y emoción en quienes asistían por primera vez a un show de KISS, como para aquel que compró “Dynasty” cuando recién copaba las bateas a fines de la década de 1970 y que estuvo presente en cada una de las ya 8 visitas.

Fueron reiteradas las veces a lo largo de la noche que Paul tomó el micrófono para decir que era la última vez que tocaban para el público argentino; como aquel que se está por ir de un lugar, pero saluda varias veces a quienes se encuentran allí para alargar la despedida. El cierre, vino de la mano de dos hits del disco de estudio que mas logra condensar el espíritu de KISS: “Destroyer”. De allí sonaron “Beth” (con Eric Singer tomando la delantera del escenario sentado solo frente a un piano) y “Do You Love Me”. Cerró la noche, como ya es habitual, el himno “Rock and Roll All Nite” del álbum “Dressed To Kill”, en medio de una fiesta de papelitos y pirotecnia. Todo el mundo se preparaba para la frase con la que Paul Stanley suele cerrar los conciertos luego de destruir su guitarra contra el suelo “¡los amamos!” pero esta vez dijo “nunca vamos a olvidarlos”. Fue entonces, que todos cayeron en que los habían visto por última vez.